Sí, efectivamente, éste es el post que pare otro blog representante de la ansiada libertad de expresión que consigue que todos los parias puedan escribir lo que le apetezca.
Este espacio, entonces, está creado para escribir cosas sin ninguna trascendencia cuando y como me apetezca, vamos como si éste es el primero y el último de los posts.
Está claro que no estoy modernizado porque si así fuera no emplearía esta ridícula y arcaica manera de utilizar internet, los blogs, soy un carroza, para eso están las redes sociales, pero en qué época vivo.
Hoy en día, cualquier, repito, cualquier individuo puede escribir y publicar lo que se le pase por la mente. Si no, ¿qué hago yo, precisamente, ahora mismo?Y eso está bien, pero que muy bien, pero, claro, todo tiene sus daños colaterales.
Uno de esos daños es que todos los medios de comunicación están salpicados de mierda, sí, mierda. Es una palabra tosca, pero qué quieres si yo no pretendo hacerme el erudito porque soy un paria más. He estudiado mucho, pero apenas sé escribir. Y eso no es culpa mía. Es culpa de otros: los profesores, los redactores, los guionistas, no sé chico, de mucha gente, pero mía no.
Por mi profesión debo evitar emplear tacos, pero no siempre lo consigo. Y es que, como dice un buen amigo, “un buen taco en su sitio te evita muchas inútiles palabras que no consiguen expresar la misma idea, cojones”.
Por mi profesión debo evitar emplear tacos, pero no siempre lo consigo. Y es que, como dice un buen amigo, “un buen taco en su sitio te evita muchas inútiles palabras que no consiguen expresar la misma idea, cojones”.
Pues, como decía antes, aquí cualquiera puede expresar su grandes reflexiones, ya sea un machista friega platos, una feminista estreñida, el artista bohemio o una veinteañera que es ya muy mayor y tiene grandes experiencias en su corta, pero intensa vida.
- El Machista Friega Platos -
El machista que antes he mencionado se llama Paco. Es un tipo de mediana edad con un trabajo que ni fu ni fa, pero oye, tiene trabajo y está metiendo dinero en casa. Su mujer, Lourdes, trabaja en una oficina y cobra el doble que él. Oye, cómo ha cambiado el cuento.
Él es más listo que ella y lo decide todo, vamos, es el que lleva los pantalones porque su mujer no tiene personalidad. Pero, ¿cómo va a ser ella la que elija el turismo de kilómetro cero que mejor se adapta a sus necesidades? Ella está para otros menesteres de menor calado: elegir la marca de detergente, quizá el tipo de leche que se toma en casa, dónde comprar la carne y el pescado, cómo se ordena la casa, cuándo no es una buena idea quedar con los amigos, qué parejas pueden compartir una cena con ellos, donde van a estudiar los nenes, en fin cosas de ese tipo. Pero, como dije, las cosas importantes, cómo qué seguro del hogar contratar, eso son cosas de Paco que es mucho más espabilado.
Y como no quiere abusar del poder, que Él le otorgó cuando le concedió los genitales que le cuelgan, porque está mal visto por la sociedad y la suegra está todo el día en casa, la hermana no para de recriminar actitudes y el cuñado se ha apoderado de su sillón, pues entonces él, porque sí, porque tiene personalidad y es un tipo muy espabilado, los manda a paseo y se va a la habitación del fondo a planchar la camisa de mañana.
Bueno, pues Paco de vez en cuando, como es un tipo vivo, escribe sus genialidades en su red social, una de esas redes que ha creado otro espabilado con cara de libro, pero de eso ya hablamos otro día que se me pegan las lentejas. Al principio no sabía bien qué era eso de las redes, pero mira, una cosa y la otra, y al final “Le gustan las cosas”, “Se une a grupos” y “Está pensando en muchas cosas interesantes”. Ayer mismo, tras discutir con media familia política, huir a su madriguera de planchado y acabar con la colada, escribió la siguiente frase: “Podrán dominar mi espacio, pero no mi alma”. No veas, pedazo de repercusión: tres comentarios, cuatro “Me gusta” y un “No me gusta”, pero eso es el capullo de su cuñado que solo lo hace para joderle la vida.
Y como no quiere abusar del poder, que Él le otorgó cuando le concedió los genitales que le cuelgan, porque está mal visto por la sociedad y la suegra está todo el día en casa, la hermana no para de recriminar actitudes y el cuñado se ha apoderado de su sillón, pues entonces él, porque sí, porque tiene personalidad y es un tipo muy espabilado, los manda a paseo y se va a la habitación del fondo a planchar la camisa de mañana.
Bueno, pues Paco de vez en cuando, como es un tipo vivo, escribe sus genialidades en su red social, una de esas redes que ha creado otro espabilado con cara de libro, pero de eso ya hablamos otro día que se me pegan las lentejas. Al principio no sabía bien qué era eso de las redes, pero mira, una cosa y la otra, y al final “Le gustan las cosas”, “Se une a grupos” y “Está pensando en muchas cosas interesantes”. Ayer mismo, tras discutir con media familia política, huir a su madriguera de planchado y acabar con la colada, escribió la siguiente frase: “Podrán dominar mi espacio, pero no mi alma”. No veas, pedazo de repercusión: tres comentarios, cuatro “Me gusta” y un “No me gusta”, pero eso es el capullo de su cuñado que solo lo hace para joderle la vida.
- La Feminista Estreñida -
Y el otro día, cambiando de tema, conocí a Merchi, una mujer de las de ahora, como le gusta denominarse a sí misma. Es delgada y alta, eso es por la alimentación de ahora. Porque ahora las mujeres sí se pueden cuidar, basta ya de estar todo el día haciendo pucheros para la familia, de cambiar pañales y de ser la esclava de un mequetrefe. Hoy en día, éso ha cambiado; y no gracias a los hombres, esos ni en pintura. Las mujeres han luchado y peleado cada uno de sus derechos para poder derrotar al troglodita que volvía a casa después de cazar un mamut y tirarse a alguna zorra que le abriese la puerta del cortijo de par en par. Hoy son ellos los que tienen que arrodillarse ante la superioridad de la mujer y aceptar cuál es el sexo débil. Porque ya está bien de sexismo; que somos iguales y nosotras más listas.
Allí estaba Merchi tomando café con Lola, que no es tan de ahora, pero la chicha es muy apañada. Merchi convencía a Lola de lo evidente, que se dejase de tanta consideración por Felipe, el novio de Lola, y le pusiese las cosas claras. “No te das cuenta, chica, ahora está la paridad” – Le comentaba Merchi. Lola, tras dudar un segundo, le preguntaba – “Eso qué es lo de que debe de haber un número par de políticos” – Merchi, sonriendo como lo hacen las chicas de ahora, respondió muy educadamente, como es ella: “No me seas necia. Chica, la paridad es que debe de haber el mismo número de mujeres que de hombres en los órganos de poder, bueno en los órganos y en muchos más sitios”. A Lola, que no le gustó mucho lo de necia, se le sonrojó un poco la tez y respondió algo más tensa de lo habitual en ella: “Pues lista, si hay el mismo número de hombres que de mujeres, entonces siempre debe ser un número par, ¿no? Porque once y once son veintidós, que es par. Y doce y doce son veinticuatro, que también es par.”
Merchi resopló porque lo que decía su amiga no tenía ni pies ni cabeza, qué tontería son esas de hacer números, ella es de letras y además que lo que hay es que ser sincera, directa y humilde, no como esas brujas del cole donde trabaja que están todo el día dándole a la sin hueso. ¿Por qué? Simplemente, por pura envidia, se repetía Merchi a sí misma una y otra vez. Ella era esbelta porque se cuidaba mucho, ejercicio no hacía porque era de constitución cansada, pero se alimentaba bien, bien poco. Además lucía un espléndido bronceado todo el año que resaltaba el blanco de sus dientes; aunque no sé yo a cuento de qué, de dos años para acá le comenzaba a salir unas arrugas de cincuentona. Ya ves tú, si ella solo tenía cuarenta y aparentaba de cuello a ombligo como una de veinte, tras su flamante operación de pecho. Además, que son envidiosas a más no poder, aprovechan cualquier momento para cortar tela: que si su nuevo peinado es muy caro, que si ha cambiado de reloj, que si el bolso es de marca. Envidia a más no poder. No entendían que una mujer de ahora tiene que cuidarse y salir de la caverna. Vamos, que les gustaba cortar tela por cortarla, pero ella tenía un amigo homosexual que era costurero, aunque no tenga nada que ver su profesión con su condición sexual, y a ella le gustaba también mucho la alta costura, así que en los recreos quedaban para tomar una infusión, que la leche engorda y el café no es de ahora, y hacían grandes trajes a medida para todo el claustro.
Ella iba bastante a su “médica” por aquello de cuidar su salud y porque sus “alumnas”, en realidad su clase estaba compuesta de 12 alumnos y 11 alumnas, pero oye, que era una mujer de hoy en día, le daban mucho trabajo.
Merchi es así, es liberal, independiente, progresista y contemporánea, que ella nunca había buscado esa palabra, ni ninguna otra, en el diccionario, pero le gustaba definirse así. Tenía un novio, Mateo, que estaba totalmente sumiso, como era de esperar. Lo único que Mateo era bien parecido y a ella no le gustaba demasiado que fuese y viniese tanto con las compañeras de trabajo. Vamos, exceptuando aquel día que se tomó medio frasco de pastillas o quizá, por decir alguno, aquel otro que se arañó la muñeca con un cuchillo de untar, nunca, que ella recordase, le había dado problemas los celos normales de una mujer de ahora. Y además que ella era muy espiritual y se pensaba mucho las cosas, exceptuando lo de tirarle a Mateo el mp3 por la ventana o alguna que otra cosilla más sin importancia.
Ella suele ver los telediarios, los documentales, los debates, los programas de investigación social, como “Mujeres Ricas” o “Quién vive ahí”. Es decir, es una mujer informada y actualizada, desde que salió de la universidad no ha leído nada que tenga bibliografía, apartando el libro del profesor de la asignatura que impartía. Por eso, a ella le gusta reflexionar sobre la vida y sobre todo alumbrar a esta maltrecha sociedad con sus valores plasmados en frases como la que escribió el otro día en su perfil: “Basta de abusos, di no a la violencia, pero sobre todo di sí a la igualdad. Mujeres en los órganos de poder y alimento para los pobres, rompamos las cadenas del caciquismo que oprimen nuestro corazón de mujer y demos rienda suelta a nuestro espiritu”. No veas, pedazo de repercusión, cero comentarios, cero “Me gusta” y un “No me gusta”, pero eso era la zorra de su amiga Lola que aún estaba resentida por lo de necia y le quería joder la vida, al final son todas iguales, unas envidiosas, pensó Merchi.
- El Artista Bohemio -
Así, paseando el otro día por mi ciudad, me encontré de bruces con un cartel que anunciaba una exposición de arte contemporáneo, contemporáneo como Merchi. Así que me dije: "¿qué diablos? Es gratis".
Entré sin pensármelo y obviamente automáticamente contraje esa pose que a uno se le pone cuando quiere saborear el arte. Como cuando a de esos tipos que le gusta mucho el vino tinto, de ésos que se beben un brik de Don Simón todos los días a palo seco, coge una copa en la boda de su primo y contoneándola, a la par que mira a través del cristal de la copa el escote de la novia de su otro primo que está sentada enfrente, decide, con una inhalación de cocainómano y un sorbito de estreñido, que: "¡Este vino es bueno de pelotas!".
Pues eso, que yo quise inhalar esas obras de arte y sorber de su color y forma, pero oye, no había manera, hoy no estaba el paladar por la labor. Al final, me di cuenta que es que llevaba dos días resfriado y con la nariz taponada uno pierde el sentido del sabor. Era una pena porque aquellas obras no tenían desperdicio, vamos, al menos, no mucho desperdicio, aunque sí algo de basura pegada en los lienzos y despojos tomando formas inverosímiles. Pero, ¿qué sabré yo sobre arte contemporáneo? Porque no me digas tú, que esos cuarentas rollos de papel higiénico desplegados por la sala y colgando de una puerta de forja antigua con un pañito manchado de pintura roja no quiere decir algo grande. Eso lo sabe todo el mundo que había allí, menos yo.
La verdad, mi mujer lo puede constatar que estaba allí conmigo, por cierto, también resfriada, que yo algo sentía dentro de mí, no sé qué, pero algo sentía yo extraño que removía mi interior.
Colapsado por tanta información y tan poca idea me puse a merodear por la sala y me encontré en una esquina a un chico bohemio, pero de los de verdad. Pelo y barba molones, ropa chachi, complementos únicos, como una pulsera hecha de anillas de latas de Coca-Cola para protestar contra el capitalismo, y alrededor algunos amigos molones, bohemios y culturalmente muy por encima de la media. Coño, el tipo de gente que entendía lo del papel higiénico del carajo.
Entré sin pensármelo y obviamente automáticamente contraje esa pose que a uno se le pone cuando quiere saborear el arte. Como cuando a de esos tipos que le gusta mucho el vino tinto, de ésos que se beben un brik de Don Simón todos los días a palo seco, coge una copa en la boda de su primo y contoneándola, a la par que mira a través del cristal de la copa el escote de la novia de su otro primo que está sentada enfrente, decide, con una inhalación de cocainómano y un sorbito de estreñido, que: "¡Este vino es bueno de pelotas!".
Pues eso, que yo quise inhalar esas obras de arte y sorber de su color y forma, pero oye, no había manera, hoy no estaba el paladar por la labor. Al final, me di cuenta que es que llevaba dos días resfriado y con la nariz taponada uno pierde el sentido del sabor. Era una pena porque aquellas obras no tenían desperdicio, vamos, al menos, no mucho desperdicio, aunque sí algo de basura pegada en los lienzos y despojos tomando formas inverosímiles. Pero, ¿qué sabré yo sobre arte contemporáneo? Porque no me digas tú, que esos cuarentas rollos de papel higiénico desplegados por la sala y colgando de una puerta de forja antigua con un pañito manchado de pintura roja no quiere decir algo grande. Eso lo sabe todo el mundo que había allí, menos yo.
La verdad, mi mujer lo puede constatar que estaba allí conmigo, por cierto, también resfriada, que yo algo sentía dentro de mí, no sé qué, pero algo sentía yo extraño que removía mi interior.
Colapsado por tanta información y tan poca idea me puse a merodear por la sala y me encontré en una esquina a un chico bohemio, pero de los de verdad. Pelo y barba molones, ropa chachi, complementos únicos, como una pulsera hecha de anillas de latas de Coca-Cola para protestar contra el capitalismo, y alrededor algunos amigos molones, bohemios y culturalmente muy por encima de la media. Coño, el tipo de gente que entendía lo del papel higiénico del carajo.
Por cierto, antes de que se me olvide, que instantes después me di cuenta que lo que removía mi interior en realidad no era el arte, si no los retortijones de un dichoso retrovirus reforzado por las "fabes" de la parienta.
El bohemio era el padre de las obras de arte, Rícar, un tipo interesante que huía de lo común y vivía de su arte, esperando que el mundo llegase, con el paso del tiempo y el avance de internet, a su nivel cultural. Así, al menos, la minoría menos paria de la sociedad se rendiría a sus pies. Ya se imaginaba podrido de pasta, tan podrido como el cuadro que se encontraba a su izquierda que tenía plantado una bolsa de basura en todo el centro, cuyo título era: "idea reciclada".
Como decía, Rícar huía de lo común, de lo vulgar, del movimiento robótico de la masa, exceptuando por las Converse que llevaba, el IPhone que portaba y el Golf de la puerta, pero leche, una cosa era ser bohemio y otra cosa "bohémico" y dejar de molar.
Era un tío frugal, frugal como sus comidas, su inmobiliario, sus coladas y su generosidad. Pero es que él se alimentaba de sus ideas y de su ego. Por cierto, el ego de Rícar pagaba billete en el metro de lo crecidito que estaba.
De la guerra ni hablaba, el capitalismo el comienzo de la decadencia, la televisión una basura, los arquitectos uno enterradores de cemento, los médicos unos chamanes de nueva era, los informáticos unos tullidos cerebrales, los funcionarios unos esclavos de su ignorancia, los pijos no eran tan malos como parecían, los de izquierda lo suyo , los de derechas depende de para qué, lo que diga el de la cadena que me gusta va a misa, de la misa no hablamos y hablaba como escribía el cronista de moda.
No terminó el bachillerato, pero coño, ahora nos vamos a poner con titulitis cuando el resto de Europa ya ha superado éso. Escribir, bien gracias, hablar con la seguridad que hablaría la mula Francis, vamos que no hablaba, lapidaba. No sugería, sentenciaba; no dudaba, era un líder; no pedía ayuda, era autodidacta; no trabajaba, no, eso tampoco. Porque trabajar, ¿de qué? Vamos, después de tirar cuarenta rollos de papel higiénico uno no se puede permitir el lujo de tirar cañas.
Sus grandes reflexiones, su grandes ideas, ésas, ésas no las compartía con nadie porque eran algo muy suyo, pero el sobrante, el excedente, los residuos de su cerebro, ésos sí que los compartía con sus "followers". Como el "twitt" que "twitteo" el otro día: “El aire que respiro seca mis pesadillas y refresca la esperanza de un nuevo mañana”. Pedazo trascendencia, hasta ahí puedo leer. El chaval vive en un ático, bueno un ático no, en un palomar, como diría otro gran amigo; y claro se conoce que respira bien y a veces se hiperventila el hipotálamo.
- La Veinteañera De Vuelta -
Otro día, me encontré a la prima de un amigo. Yo la conocí cuando era una pequeñaja, vamos, hace cinco años. Estaba bien, qué digo, muy bien. Bien alimentada, bien limpia y aseada. Vestía muy cuca y ya trabajaba poniendo copas para pagarse los estudios de periodismo. Además, este verano se iba a Londres a mejorar el inglés, trabajaría en algún bar de copas, no lo pasaría muy bien, pero es lo que tocaba, pronto acabaría la carrera y se convertiría en una mujer todo terreno, bien preparada y lista para comerse el mundo. El discurso se lo tenía bien aprendido y hablaba con una seguridad y templaza propia de los políticas, es decir, que se le veía que iba a ser una buena vende-motos.
El año pasado seguía angustiada a Justin Bieber, pero eso ya pasó, eran cosas de niña, aunque el póster del niño del flequillo aún decoraba su cabecero.
Vestía a la moda porque sus padres no podían permitir que a ella le faltaran todos los bienes superfluos e innecesarios de los que ellos no pudieron disfrutar porque eran otros tiempos. Además, la han educado desde el diálogo y la democracia, por eso a menudo todos se gritaban en casa para decidir dónde iba su nuevo piercing.
Siempre se ha seguido una línea en su educación coherente y de ahora: uno, el dinero no sobra en casa, pero nena, que nadie te diga nunca “tú por qué no llevas zapatillas molonas de esas de cordones desabrochados y calcetines de relleno a 80€ el par”. Dos, que ningún profesor o profesora te diga qué hacer y cómo hacer, que para eso estamos nosotros, viva la república independiente de nuestra casa, citando a esa gran firma de muebles suecos de la cual podríamos hablar otro ratito.
Por eso, vive rápido el momento y con sus dos amores de verano y el chico guapetón de la facultad está ya de vuelta de todo. Así que entre chupito y calimocho postea desde su SmartPhone: “Arrodíllat solo xa tomar impulso y saltar + q tus contrincants – Posted from my Android”.
Y hombre, ésto sí que tiene trascendencia, de hecho la mayoría los contribuyentes deberíamos imprimirlo y pegarlo en la guantera de nuestro Ford Fiesta.
Vestía a la moda porque sus padres no podían permitir que a ella le faltaran todos los bienes superfluos e innecesarios de los que ellos no pudieron disfrutar porque eran otros tiempos. Además, la han educado desde el diálogo y la democracia, por eso a menudo todos se gritaban en casa para decidir dónde iba su nuevo piercing.
Siempre se ha seguido una línea en su educación coherente y de ahora: uno, el dinero no sobra en casa, pero nena, que nadie te diga nunca “tú por qué no llevas zapatillas molonas de esas de cordones desabrochados y calcetines de relleno a 80€ el par”. Dos, que ningún profesor o profesora te diga qué hacer y cómo hacer, que para eso estamos nosotros, viva la república independiente de nuestra casa, citando a esa gran firma de muebles suecos de la cual podríamos hablar otro ratito.
Por eso, vive rápido el momento y con sus dos amores de verano y el chico guapetón de la facultad está ya de vuelta de todo. Así que entre chupito y calimocho postea desde su SmartPhone: “Arrodíllat solo xa tomar impulso y saltar + q tus contrincants – Posted from my Android”.
Y hombre, ésto sí que tiene trascendencia, de hecho la mayoría los contribuyentes deberíamos imprimirlo y pegarlo en la guantera de nuestro Ford Fiesta.
Hace poco la vi de nuevo, ha engordado un pelín, pero sigue tan cuca como siempre. Al final lo de Londres se torció, bueno lo que se torció fue su tobillo bailando en la barra del bar donde ponía copas y tuvo que quedarse todo el verano, pero le venía bien para poder recuperar y aprobar al menos una, que si no la echaban de la facultad el primer año. Joder, cómo había cambiado el cuento, pensé yo, de poner copas para pagarse sus grandes estudios a bailar para en la barra para pagarse las fiestas que acabarían con sus estudios. Pero, si algo he aprendido es a ser respetuoso y no, no dije nada, solo le deseé suerte con los exámenes de septiembre y que lo del tobillo pasase rápido.
Leche, al final tanto escribir se me han pegado las lentejas.
Ahora que es cuando tocaba hablar de los presentadores de moda y su twitter, de los políticos y sus perfiles, en definitiva de los que no son parias, como tú y yo, y tiene repercusión. Ya es mala suerte, pero las lentejas mandan. Por cierto, solo decir que a más de uno de estos populares personajes habría que pagarle una clínica para que le vieran lo del twitter, empezando por algún que otro futbolista. Ya hablaremos.
Ahí lo dejo, más mierda para la libertad de expresión.
Ahora que es cuando tocaba hablar de los presentadores de moda y su twitter, de los políticos y sus perfiles, en definitiva de los que no son parias, como tú y yo, y tiene repercusión. Ya es mala suerte, pero las lentejas mandan. Por cierto, solo decir que a más de uno de estos populares personajes habría que pagarle una clínica para que le vieran lo del twitter, empezando por algún que otro futbolista. Ya hablaremos.
Ahí lo dejo, más mierda para la libertad de expresión.